Desde el taller hasta la precisión industrial
Hace más de quince años comenzamos con un horno pequeño y la convicción de que la microfundición podía ofrecer piezas sin defectos internos. Cada etapa nos obligó a repensar procesos, invertir en control térmico y formar un equipo que entiende el metal como un material vivo.
2008Fundación del taller
Damián Ontiveros instala el primer horno de inducción en un galpón de Lucía 66 0 B. La producción inicial se limita a casquillos de bronce fosforado para maquinaria textil local. Las primeras piezas mostraban porosidades superficiales que obligaron a estudiar la curva de enfriamiento.
2012Primera inversión en control de calidad
Se adquiere un microscopio metalográfico y se contrata a la Sra. Luciana Aragón Tercero para liderar el laboratorio. Por primera vez se documentan las inclusiones de gas y se ajusta el desgasificado del baño. La tasa de rechazo baja del 18% al 7% en seis meses.
2016Expansión a bridas no ferrosas
Un cliente del sector naval solicita bridas en aleación de cobre-níquel. El proyecto exige tolerancias de ±0.08 mm y un acabado superficial sin rebabas. Se incorpora una máquina de medición por coordenadas y se desarrolla un procedimiento de chorro de microesferas que hoy es estándar en la planta.
2020Certificación de procesos
Se implementa un sistema de gestión de calidad basado en ISO 9001, adaptado a los requisitos de la colada por cera perdida. Cada lote de piezas no ferrosas se rastrea desde el modelo hasta el enfriamiento. La porosidad interna se reduce por debajo del 2% en casquillos de bronce fosforado.
2024Nueva línea de precisión
Se instala un segundo horno con control programable de rampa térmica y se amplía la capacidad para piezas de hasta 12 kg. El laboratorio incorpora ensayos no destructivos por ultrasonido. Hoy servimos a los sectores naval, petrolero y de maquinaria pesada con entregas semanales consolidadas.